Mujer-mamá y ejercicio

Por Alejandra Martínez Oriza

Editor: María Valencia

 

Hace 21 meses llegó mi hija a mi vida, ella, es el ser más perfecto que conozco, a pesar de que increíblemente ha sucedido que estando en el consultorio, con un cliente frente a mí, me doy cuenta de que mi blusa tiene aguacate seco embarrado, que la sala de mi casa parece un museo infantil, y que mi fin de semana se reduce a buscar actividades en donde ella sea más feliz de lo normal.

Las fiestas, reuniones largas con amigos, domingos en donde era permitido levantarme tarde, viajes espontáneos, entre otras cosas, no es que se volvieran imposibles, simplemente implicaban más planeación de logística para hacerlos posibles.

No quiero que se malinterprete el objetivo de estos renglones, ya que ser madre ha sido, hasta el día de hoy, el rol más significativo y extraordinario que he tenido en mi vida.

Absolutamente nada se le parece a la satisfacción personal que experimento, gracias a ella y los continuos aprendizajes que tengo a través de mi hija, sin embargo, estoy consciente de que pese a que hay mucha información, blogs y grupos de mamás, no todas llegan preparadas para lidiar con dificultades existenciales que van más allá de un problema hormonal post-parto.

Es importante normalizarlo, hablarlo, compartirlo, para evitar que otras mujeres lleguen a sentirse perdidas y solas navegando en este barco, cada mujer debe de encontrar un elemento, una actividad, una herramienta salvadora que les empuje a volver a encontrarse y lograr un balance en sus vidas.

Mi hija es, por mucho, el ser que más impacto ha tenido en mi self en todos los niveles que pueden pensarse; físico, mental, emocional, relacional, social, cognitivo, profesional y seguramente algún otro. Cambios significativos que nadie me advirtió con total honestidad, y aunque soy psicóloga y me especializo en trabajo terapéutico con parejas y familias, nunca ni la teoría, ni los discursos de mis clientes fueron lo suficientemente descriptivos como para comprender lo que convertirse en madre conlleva. 

Si volteo hacia atrás, puedo ver con claridad la evolución de mi persona desde que ella llegó, aunque cada etapa ha sido mágica, a pesar de los retos y dificultades que se presentaban, lo que más claramente puedo puntuar es el motor, esa herramienta salvadora, que delimita un antes y un después de mi self; el ejercicio.

Me parece pertinente describir brevemente el efecto orgánico que tiene el ejercicio, para tener más claridad, cuando nos ejercitamos, nuestro cuerpo libera químicos y endorfinas, las cuales interactúan con los receptores en el cerebro reduciendo dolores físicos y creando un sentimiento positivo de bienestar en el cuerpo,  no debería de sorprendernos lo bien que nos sentimos después de un entrenamiento, de una corrida, de bailar o de ir por una larga caminata.

Hay tres áreas que considero valdría la pena elaborar en donde entrenar,específicamente Crossfit, impactó significativamente en mi self de forma positiva:

 

  • La mente definitivamente la que creo es la de mayor impacto, y la que a menudo nos puede traicionar haciéndonos sentir culpa por hacer algo por nosotras; en realidad, al hacer algo por nosotras, hacemos mucho por los que nos rodean, familia, pareja, colegas, amigos, ya que son los primeros que se dan cuenta cuando estamos o no en un buen lugar. Pensemos en un ejemplo claro, en el avión nos dicen que en un improbable caso de emergencia, debemos de primero ponernos la mascarilla de oxígeno a nosotros, antes de ayudar a alguien más. ¿Me explico? No podemos querer ser súper-esposa, súper-mamá, súper-amiga, súper-profesionista, si no estamos bien, muy bien.

 

Todos los trabajos y profesiones implican un trabajo mental continuo que naturalmente, nos desgasta. En mi caso, el trabajo con problemas emocionales, relacionales y patológicos de parejas y familias, aunque me apasione, exige mucho de mi mente, por lo que es crucial, la cuide y trabaje diariamente en encontrar un balance.

Es increíble el efecto que una hora de actividad física tiene en mi mente, he logrado identificar el positivismo y energía mental que se mueve en mí en los días que voy a una clase de Crossfit en la mañana, las endorfinas son realmente mágicas, alivian mucho más de lo que imaginamos.

 

  • El cuerpo este no sólo cambia por obvias razones después de un embarazo; además de lo inevitable, hay que sumarle el cansancio físico de las desveladas y falta de sueño de los primeros meses, el estrés, la fatiga acumulada, en algunos casos malos hábitos de alimentación por falta de organización y tiempo para cocinar sanamente, entre otros muchos factores.

Como mujer, definitivamente es crucial sentirnos bien en nuestra piel, sin necesidad de aspirar a un cuerpo de alguien que dedica todo su tiempo en mantenerlo “perfecto” (modelos, atletas), simplemente en sentir que podemos confiar en él, que tiene energía, que está sano, en forma, y que además se vea bien.

Esto es una pieza clave para encontrar balance, ya que el ejercicio como parte de un hábito de vida, es un canal para lidiar con estrés, dificultades, ansiedad, enfermedades, depresión, etc.

El fin último del ejercicio no debe de ser solo el conseguir tener un cuerpo-de-bikini sino, en que sea el vehículo a un momento dedicado únicamente a nuestra persona, en donde se valga detener el tiempo para hacer algo por nosotras.

 

Gracias a los tiempos en la semana en donde me permito tomar sesiones de una hora para ir a Crossfit, una disciplina que me ha retado en tantos niveles y que me ha permitido sorprenderme a mí misma, he conseguido no solo más seguridad y comodidad en mi cuerpo, sino energía, fuerza, seguridad y definitivamente más balance.

  • Las relaciones Este punto abarca todas las relaciones que tengo con personas significativas y laborales y va de la mano del argumento que elaboré de la mente más arriba, soy la primera en argumentar la importancia de cuidar la relación de pareja como una prioridad: padres felices- hijos felices. Pero para poder estar bien con tu pareja, hay que estar bien con uno mismo.

El permitirme ese momento muy mío para cuidar mi cuerpo, mi mente y eventualmente mi alma, con ejercicio, mis relaciones como resultado, son más sanas, más entregadas. la comunicación es mejor, más clara, más asertiva; la atención es más honesta y más presente con mis seres queridos por el simple hecho de sentirme bien, en un buen lugar, de estar en balance.

 

Estos renglones son sólo una pincelada de mi experiencia personal, y no pretendo aparentar que no hay días en donde no estoy en un buen lugar, y días cuando se me dificulta encontrar balance, pero me tranquiliza saber que conozco aquellas herramientas salvadoras que pueden contribuir a sentirme mejor y encontrarme nuevamente, para entonces acudir a éstas. El ejercicio encabeza la lista de estas herramientas salvadoras y hoy es Crossfit, ya veremos mañana.

 

Alejandra Martínez Oriza

Psicoterapeuta con MA en salud mental y terapia familiar. Docente en la carrera de Psicología en ITESO

Tel. 36101551

alejandra@kanea.mx

www.kanea.mx

 

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